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14 de Abril de 2009

¿Quién iba a pensar que camarones, langostinos y centollas pasarían de ser el plato principal de los más finos restaurantes a convertirse en un regenerador de piel? El químico chileno, Galo Cárdenas, investigador de la Universidad de Concepción, confió en las propiedades del caparazón de los crustáceos y hoy está a punto de ver cómo la piel artificial que ideó a partir de ellos sale a la venta en Chile.

La quitina, biopolímero (macromolécula orgánica) que se encuentra en el caparazón de los crustáceos es el componente principal de la nueva piel. Cárdenas explica que el compuesto tiene entre sus derivados al quitosano, el que junto a una serie de aditivos y plastificantes, utilizan para fabricar el sustituto de piel, "elástica, transparente y más económica", señala.

¿Cómo funciona? Al ser un biopolímero de origen natural es compatible con el organismo humano y biodegradable. Funciona asociado con la lisozima, una enzima humana que hace que cuando el polímero es instalado en una herida se transforme en un soporte de crecimiento celular, logrando que las células se multipliquen en el área dañada. "Es usado por los fibroblastos como un soporte de crecimiento, que va restaurando la misma piel de la persona sin dejar huellas, a diferencia de algunos parches o simplemente curaciones", explica Cárdenas.

Biodegradable

Es transparente, de aspecto similar al papel celofán, y ofrece la ventaja de exigir sólo una utilización. Ni siquiera es necesario retirarlo, pues se cae solo a medida que la piel se regenera. "Todos los otros apósitos deben retirarse, esta piel, al contrario, se va biodegradando y cuando se restaura la piel completa se cae lo que quedó. La alisación es la que la va degradando lentamente, no hay que estar haciendo curaciones nunca más, que es muy traumático para el paciente, todas las mañanas estar curando la herida, con gasas que se pegan y que hay que volver a tirar, es muy doloroso", afirma.

La piel artificial ya ha sido probada en 50 pacientes con una gran variedad de heridas. Es efectiva en heridas y quemaduras de tipo A y AB (superficiales e intermedias), provocadas por agua, fuego y gasolina. También es útil su aplicación en heridas provocadas por úlceras y fracturas expuestas.

El cirujano plástico Carlos Rojas, del Hospital Naval, realizó los implantes que confirman la efectividad del producto en un corto plazo. En quemados, incluso con soplete, la restauración se demoró entre 21 y 28 días. "En este tipo de heridas, que son muy cruentas, el problema es que se producen muchas infecciones, las que evitamos con esta piel artificial, pues entre sus componentes tiene bactericidas, que evitan que se infecte", señala Cárdenas. "Nosotros tuvimos un caso que explotó una caldera en la Armada y al hombre se le quemó la espalda completa. Nosotros se la restauramos. Él estaba con riesgo de perder la vida por eso, pues ya tenía un cuarto de la piel dañada, de no aplicar la piel continúa perdiendo líquido, se infecta y por septicemia podría haber muerto en 24 horas", cuenta.

Si bien el producto ha sido distribuido en muestras médicas a la largo del país, el químico espera que dentro de los próximos dos meses la piel artificial esté en farmacias (distribuida por Laboratorios Recalcine), a un valor no superior a los 20 mil pesos los 10 centímetros cuadrados.

"Nuestra idea era haberlo hecho para el servicio público y que Cenabast lo tuviera en todos los consultorios, de manera de utilizarlo en los procedimientos de primeros auxilios apenas llegue el niño o la persona quemada. Yo creo que como el precio no es tan alto, estará dentro de lo que se puede adquirir", sostiene el investigador. De hecho, piensa que podría y debería estar en el botiquín de cada casa, de manera que las personas puedan aplicarlo de inmediato.

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